Aventuras y Desventuras
11 05 2008En estos días el llamado conflicto vasco está tomando una dimensión desconocida hasta ahora por las prisas existenciales que le ha entrado a la parte más “abertzale” del PNV.
A si que creo que alguien debería advertir a los impacientes nacionalistas de algunas consecuencias que creo no han tenido en cuenta a la hora de elaborar la hoja de ruta marcada por los pactos de LIzarra, firmados con los terroristas, propuestos por el trío calavera Ibarretxe-Egibar-Arzalluz y finalmente asumida por el partido (o al menos por una parte importante del mismo)
Las consecuencias son lógicas y sólo la ceguera política y la radicalidad en la que están instalados, les impide verlas.
En primer lugar el Gobierno de la Nación (de la Nación Española claro) NO PUEDE asumir el papel de interlocutor bilateral que le propone Ibarretxe, por eso Zapatero le dice una y otra vez que busque primero acuerdos ENTRE DIFERENTES en Euskadi y después SIGUIENDO LOS CAUCES LEGALES debatirlo con todos los demás.
Como parece obvio que el PNV se ha metido en un callejón sin salida y que sin duda van a llevar a cabo sus pretensiones de superar la Ley por las bravas, el Estado tendrá que tomar la iniciativa y actuar de acuerdo a los mecanismos legales previstos para éstos casos, llegando si fuera preciso a la supresión de la autonomía.
Este escenario es poco probable, pero si posible. Lo más probable es que Ibarretxe no consiga la atención que reclama del presidente del gobierno y que tampoco consiga sacar adelante su proyecto en el Parlamento de Vitoria, por tanto se verá obligado a adelantar las elecciones vascas con la más que probable derrota a cargo del PSE, aunque quizá sin suficiente apoyo como para gobernar en solitario.
Por tanto, al PNV le quedan tres alternativas:
1. Acordar con el PSE el próximo gobierno vasco y mandar a Ibarretxe al paro.
2. Entrar por el aro y rectificar las pretensiones a favor de una negociación entre los partidos políticos vascos para la reforma del Estatuto de Autonomía.
3. Cumplir la Ley por la fuerza, asumiendo una posible suspensión de la autonomía.
Ahora sólo queda ver que va a pasar. Si Zapatero da el golpe en la mesa o si el PNV vuelve al cauce del que nunca debió salir.
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